Desde el escritorio de nuestro párroco

¡Jesucristo ha resucitado! ¡Felices Pascuas a todos! Hoy experimentamos la victoria de Jesús sobre la muerte. ¡Qué alegría saber que el amor de Dios es más fuerte que la muerte! La resurrección de Jesús nos reviste de una nueva vida de gloria. El Corazón de nuestro manso Salvador ardía tanto en deseos de nuestra salvación que generosamente compartió con nosotros su gloria. En su redención, el amor de nuestro Salvador —más fuerte que la muerte— se desborda, derrite nuestros corazones y nos transforma. Al venir a este mundo, elevó nuestra naturaleza por encima de todos los ángeles y, al transformarnos, nos hace tan semejantes a Él que incluso podemos decir que nos parecemos a Dios. Al hacerse uno de nosotros, nuestro Salvador asumió nuestra semejanza y nos entregó la suya.
En el Evangelio de hoy, hemos escuchado que María Magdalena acudió temprano al sepulcro de Jesús. María Magdalena sentía un dolor profundo en todo su ser. Ella había experimentado el amor sanador y liberador de Jesús; había descubierto la alegría y el sentido de la vida. Y ahora, todo se ha desvanecido. Su Maestro yace sepultado en el sepulcro. Temprano en la mañana del primer día de la semana, se dirigió al sepulcro esperando ver un cadáver. Y quedó aún más desolada al descubrir que el sepulcro estaba vacío. Pensó que alguien se había llevado el cuerpo del Señor. Su dolor se transformó en resentimiento e indignación. ¡Incluso el cadáver ha desaparecido! Ahora se ha quedado sin nada.
Pero, en un instante, sucedió algo. Al inclinarse para mirar dentro del sepulcro, vio a dos ángeles. Y al volverse, vio a Jesús de pie ante ella. De repente, todo cambió. Después de todo, Jesús no estaba muerto. ¡Él vive! Eso explica el sepulcro vacío. Él no puede estar sujeto a la corrupción. El sepulcro no tiene poder para retenerlo. De manera definitiva, ha vencido al pecado y a la muerte. Pues, en verdad, Él es Dios verdadero. Él es nuestro verdadero Salvador. Y así, decimos: “Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo”.












