Desde el escritorio de nuestro párroco

La Cuaresma es principalmente un tiempo de intensa preparación espiritual para vencer nuestras tentaciones, utilizando los medios que Jesús empleó durante sus cuarenta días de preparación en el desierto para su vida pública. También es tiempo de arrepentirnos de nuestros pecados y renovar nuestras vidas para que podamos celebrar la Pascua con nuestro Señor Resucitado, quien venció el pecado y la muerte mediante Su pasión, muerte y resurrección. Las lecturas de hoy nos enseñan que siempre somos tentados por el diablo, por el mundo y por nuestros propios intereses egoístas. Por lo tanto, necesitamos cooperar activamente con la gracia de Dios para vencer nuestras tentaciones y practicar la oración, el autocontrol y la caridad.
No es casualidad que hoy, primer domingo de Cuaresma, la Iglesia nos presente el tema de las tentaciones para prepararnos para los desafíos que nos esperan. En la primera lectura leemos el relato clásico de la caída del primer Adán. Describe la “Tentación Original”: “serán como Dios, que conoce el bien y el mal”. Adán y Eva recibieron la libertad de elegir vivir para Dios, dependiendo y obedeciendo su voluntad, o negarse a Él. La tentación del mal condujo a Adán y Eva a un acto de infidelidad y pecado. En el Evangelio vemos las tres tentaciones de Jesús y su fenomenal victoria: el ascenso del nuevo Adán. San Mateo nos muestra cómo Jesucristo venció la tentación confiando con fe en la Palabra y la autoridad de Dios. En la segunda lectura, San Pablo contrastó al primer Adán, la puerta del pecado, con el segundo Adán, la puerta de la gracia y la misericordia. Describe cómo la desobediencia de Adán, quien cayó en la tentación original de Satanás, le trajo a él y a nosotros pecado, muerte y una relación rota con Dios. San Pablo explica que Cristo recuperó para nosotros una relación correcta con Dios mediante su perfecta obediencia a Dios, su Padre.
Todas las lecturas de hoy nos brindan una gran comprensión de la verdad y la realidad de la tentación y del tentador. Ninguna de las afirmaciones del diablo corresponden con la verdad. Afirma tener poderes que no posee. Afirma poseer un conocimiento que no posee. En la primera lectura de hoy, el diablo engañó a Adán y Eva haciéndoles creer que serían como Dios si comían del fruto prohibido. Es, en efecto, el padre de la mentira. Todas sus promesas son falsas. Nadie da lo que no tiene. Por eso el diablo no tuvo éxito con Jesús porque la verdad y la falsedad no tienen nada en común.

















